domingo, 20 de septiembre de 2015

XII



XII

Miórbita

Los ríos lentos,
los mares cercados,
las montañas nunca nevadas,
un sol inamovible,
como ya sabemos,
que a algunos costó el fuego,
porque nosotros no nos movemos.
Lo cual no es menos cierto,
pues nuestro corazón es más que nuestro sol,
es nuestro los,
los demás a su sombra
o girando en su Miorbita.

Una luna que pasa rauda
por encima
cada minuto.
Es decir, otro mundo.
Y el deseo de ir de la mano,
imposible,
a pesar de las flechas, Cupido.
Newton lo quiso explicar y le quedó
la ley de la gravitación universal.
Y así ahora le llamamos amor
cuando solo es gravedad.

Entre medias, el viento, inquieto, fiero,
como si nunca  se cansara.
¿Cómo es el viento cuando no sopla?
¿Y dónde estará?
Ahí me quedaría yo,
en ese otro mundo, vivo,
no como ahora,
como los ríos lentos y los mares cercados, extraño, raro, en ese mundo,
donde el viento descansa.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

XI


XI

Quedarse antes



¿Y si hubiera estado
siempre
buscando un lugar
en que quedarme?
Adelantarme al final.
Levantarme una mañana
asearme, desayunar,
Y ya, con el lugar escogido,
dirigirme hacia él.
Situarme,
quedarme ahí,
para siempre.
De modo que cuando llegará el final
fuese, como si yo,
estuviese en una parada,
única, hecha para mí,
esperando que pasara el autobús.
Poder decir tranquilamente,
¿Cuánto cuesta el billete?
Para tener esa sensación,
fresca, acogedora,
de estar yendo hacia un lugar
en el que poder ver cosas nuevas.
Que fuese así todo.
Tan emocionante.

domingo, 13 de septiembre de 2015

X


X

Las canciones perdidas

Yo tuve un pájaro enjaulado,
entonaba canciones primorosas,
de melodías extrañas.
Había días que elevaba
alegrías exultantes,
y otros en que se deprimía,
su cara acuciante,
entre los barrotes,
 a los que se asía
con sus alas imposibles.
Como si más allá
hubiese mechas
para prender nuevas melodías.
La libertad, eso es lo que
evidenciaba mi pájaro enjaulado.
Su carencia era su presencia,
pues él deseaba probarse,
probarse fuera………..
Y quizá no volver, pensaba yo.
¿Te perderás mis melodías
saciadas de libertad?
Me hacía llegar preguntas de ese tipo
trasformando sus alas en rogativas.
Ya cantas bien así, le decía yo.
¿De qué servirían canciones más excelsas?
¿Quiénes somos nosotros
para afirmar que las sabremos disfrutar?
Estamos tan bien así, le explicaba,
siempre y cuando
no habláramos del asunto
aunque nos agotaba pensarlo.
Un día murió mi pájaro
pero conserve la jaula
hasta que no pude más,
pues llegué a confundir sus límites
y no sabía si estar en la cárcel
era estar dentro,
o estar fuera de ella.
Esto me obsesionaba tanto
que un día llegué a maldecir su tamaño.
Pero no bastaba y tuve que
deshacerme de ella.
Se fue así mi preocupación.
Cosa extraña,
porque se trataba de débiles barrotes
de alambre que dejaban pasar
el aire, todo el aire.
Aunque nunca dejaron pasar a mi pájaro
y eso no podía olvidarlo.
¿Qué canciones me perdí?
A veces intentaba entonar canciones,
pero todo carecía de sentido
pues yo nunca había cantado
dentro de una jaula.
O eso es lo que él, a veces,
me decía.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

IX


IX

Las cimas tienen su prestigio

 

Las cimas tienen su prestigio
pero las simas son difíciles
de olvidar.

Las dos con sus presagios.

Es una gota de sangre una
sima,
una cima es un mar.

Puede ser el óxigeno,
quizás la explicación,
pero el corazón
es capitán

VIII



VIII

La casa vieja 

 

Un día se desconchó la
Pintura,
Otro día chirrió la
Puerta,
Otro, no encajaban las
Contraventanas.
Después una luz no se encendió,
Y cada vez hacía más frio,
Y el silencio era mayor.

Me dijiste, abuelo, apréndetelo.
Lo hice, abuelo, mientras
Miraba la casa reluciente
Y nueva.

Ahora, todo es como decías.