martes, 9 de febrero de 2016

XXXI



XXXi

Solo en Oslo, otra vez.

Tras casi dos años de gestación.


He tirado la toalla,
desde el centro del ring.
Hacia una de las cuatro esquinas.
Así ha de ser,
a partir de ahora.
Nada de refugios,
nada de techos,
nada de cadenas.
Morir como un perro,
aunque parezca mentira,
no es lo peor.
Murió un mendigo,
en la calle,
de frío.
Pues claro, ¡no iba a morir!
Murió en la cama,
rodeado de sus seres queridos.
¿De sus seres queridos?
¿Y se murió?
Pero cómo fue que pasó, ¡che!
Morirse así, ¿Qué pena!
Solo en Oslo, otra vez.
O como siempre.

lunes, 1 de febrero de 2016

XXX



XXX

Realidad
A Bernardo Soares

He creado imperios
que han durado segundos,
entre un bus que se iba
y alguien que venía a mi encuentro.
He vivido amores de un rato
ante un amor que pretendía quedarse.
He sufrido aventuras que parecían imposibles
mientras oía un manual cualquiera.
He expuesto en los mejores museos,
vendido lo que he querido
y acto seguido he dicho “sí, señor”.
He conversado con las mentes más pleclaras del momento
y no ha habido tiempo para que yo interviniera.
He observado fenómenos,
imposibles de explicar,
que nadie más ha visto, y no por eso menos de todos.
He, incluso, matado, varias veces
y no ha habido manera de despertar mi conciencia.
He sido víctima y verdugo,
sin llegar a decidirme claramente por una  u otra profesión.
Nada me ha sido esquivo
pero no tengo pruebas.
Algo que al no ser esto un juicio carece de importancia.
Aunque, por otro lado, si lo fuera,
ser declarado culpable o mentiroso,
sí que sería algo absolutamente irrelevante.

martes, 19 de enero de 2016

XXIX

XXIX

Habitación

Candelabros clamando.
Percheros guardianes.
Armarios que se abrazan.
Sillas sentadas.
Cama que se ofrece.
Ventana curiosa.
Lámpara equilibrista.
Puerta que habla.
Una mirada de amor da paz.
Una camisa guardada.
Un abrazo auspiciador.
Unas nalgas aplastadas.
Una piel que se esponja.
Una vida extraña, fuera.
Un teatro de riesgo.
Unas frases ocultas.


No hablo de ningún momento en particular.
Las habitaciones están, somos nosotros quienes las despoblamos.
Se están quedando sin gente. Sólo se quedan los más viejos.
 La gente joven, mientras se mantiene en pie, se va a los salones.
Esto no puede seguir así,
hay que crear más puestos de trabajo en las habitaciones,
que los jóvenes no abandonen también
este otro mundo rural.


lunes, 18 de enero de 2016

XXVIII




XXVIII

Piratas


Yo tenía un amigo
que decía,
si de la chica que pasa
sólo me gustan sus pechos,
¿Por qué he de quedarme con toda ella?
Un día me acercare a una
y le diré
–Me puedes dejar tu sonrisa por un tiempo,
lo demás no me hace falta.
De ahí- remataba- que esté preocupado
por mis codos y mis talones
mis uñas y mis debilidades
¿Quién las querrá?
 Yo, prosaico, no sabía qué decir
hasta que recordando viejos tiempos
iba y le decía
¿Te acuerdas cuando teníamos
que comprar un LP porque nos gustaba
una sola  canción, una canción?
Entonces, él, me miraba espantado
y se decía
¡Qué ganas tengo de que llegue el internet humano!
Para piratear, concluía.

viernes, 15 de enero de 2016

XXVII



XXVII


El alambre azul


El alambre azul de furtivas formas
amenazaba
con romper
la imposibilidad de la cuadratura del corazón,
bamboleante en un baile zumbón
se aproximaba arrebatador.
Sin carnes
pero de veloces artimañas
hacía curvas donde otros aguas
bocetando
los objetos de deseo sexual
como si existieran.
Al hombre, el alambre le hacía guiños de burla
que sospechaba
garabatos de muerte.
Alarma,
daba el vigilante,
alarma.
Pero la daba, además,
atropellado por un azul,
un azul de luna mañanera.
Y claro, nadie le creyó.