viernes, 20 de enero de 2017
miércoles, 21 de diciembre de 2016
LVIII
LVIII
Mintió,
inocuamente pero mintió
Mintió,
inocuamente pero mintió,
puso en
las almas alicientes
que se
frustraron con la más leve
brisa.
Salieron
de las bocas sonrisas
que
después no se pudieron justificar.
Se
apretaron manos que después se bañaron en alcohol,
para
huir del olor.
Entonces
llegó el viejo,
con una
nueva soledad a cuestas y dijo,
que se
quede solo.
Dejaba
en la tierra su sangre, decía,
y a
todos convencían sus obras.
Una
mujer llegó niña a ellas
y se
quedó expectante, pasando el tiempo,
hasta
ser anciana frente a ellas.
Apenas
ya viva se giró y le miró.
Él no
pudo soportarlo y lo confesó todo.
Entonces
llegó el viejo,
con una
nueva soledad a cuestas y dijo,
que se
quede solo.
Era tan
hermosa
que él
no pudo resistirlo.
Lanzó
adioses a lágrimas que ignoraba.
Se llevó
lo poco suyo y dejo el Sol.
Dejo la
luz.
En su
tierra fría ella no brillaba.
Vámonos
al Sur, mi amor.
Pero
ella no escuchaba.
Reía.
Y ahora
tenía la risa fría, la risa oscura.
Él la
quiso matar.
Entonces
llego el viejo,
con una
nueva soledad a cuestas y dijo,
que se
quede sola.
Supo de
su poder cuando un día dijo
-¡Qué
ardorosa tarde! y oyó los aplausos.
Por
respeto a si mismo elevo el sentido de los discursos
y fue
haciendo vida, hasta llegar más allá de sí.
Cuando
ya no era él, los otros tampoco eran los otros,
y
comenzó a oír sus lamentos.
Pero
entonces, ya demasiado tarde, él seguía fuera de sí
y los
alimentos eran como los murmullos de las hojas de los árboles mecidos por el
viento, apenas molestaban.
Entonces
llego el viejo,
con una
nueva soledad a cuestas, y dijo,
ya
estamos solos tú y yo.
viernes, 9 de diciembre de 2016
LVII
LVII
¿Qué pinta aquí Hopper?
Alguien
acaba de partir,
alguna
noticia parte nuestro corazón.
No
somos fuertes,
nada
sin la barra de los bares,
guiñapos
derrumbados en tumbonas,
apenas
soplos de vida acodados
en
somieres aún apretados
que
roban las esencias de nuestra existencia.
Los
puentes, los faros, la casona,
las
calles, las rocas, la mies.
No
estamos allí,
nos
hemos ido a los bares, las estaciones,
alguien,
solitario en una habitación,
ha de
venir.
Y por
eso,
está
todo el mundo esperando.
Esta
situación es insostenible,
hablando
del trabajo,
hablando
del tiempo,
cargados
de otras opiniones,
dicen,
confesiones,
pero
sólo te puedo decir
-Anoche
soñé que era un maniquí
y no
puedo hablarte
de los pasos
secos de los sueños.
Si
llueves, si lloro, agua,
si te lamentas
mis pasos siempre son secos, agua.
¿Es que
hay algo que te interese?
¿O vas
a salir corriendo
por
todo ese mundo vacio
en el que
no estamos?
¿Te
lanzarás por fin de cabeza contra la ausencia?
Está el hombre esperando, y vio que estaba
solo,
y entonces
la mujer también esperó.
La
mujer esperó al hombre.
El hombre
sólo esperaba.
Si la
mujer
espera
al
hombre y el hombre no sabe lo que
espera,
la
mujer no sabe lo que
espera.
Son las
estúpidas que siempre piensan
que
volverán cuando andan por los bares
o se
quedan en las oficinas,
haciendo
algo rutinario,
para no
acudir a la cita, como un saltador al borde
del vacío.
Leen,
toman café, hablan entre sí,
mientras
tu dictas y tienes en mente una casa gris,
una
amante resignada,
un
perro atento y la hierba agostada.
A home.
Ella se
quiere ir
pero tú
sólo quieres dictar.
Tu
coartada.
Al
principio tenía gracia
era
como un trabajo con su recompensa,
después
te quedabas relajado,
relajado
y triste, como si te hubieran despojado.
Puedo
ser que ahora lleguemos más rápidamente
a
cualquier lugar,
que sea
más cómodo nuestro vivir,
pero
siempre estamos soslayando lo importante.
Si
llueve deja que llueva, no lo menciones, no llores,
sólo di
cómo te sientes.
Si eres
feliz, si la soledad te molesta,
si vas
a venir a follar,
si
sabes lo que quiero de ti, lo que sea,
lo que
sea, di sólo como te sientes,
pero no
digas nada de la lluvia, ni de mis lágrimas.
Sobre todo si está lloviendo,
que
parece que alguien por fin se acuerda de ti.
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