martes, 14 de noviembre de 2017

XCVI



XCVI

No me digas que no tienes suerte



No me digas que no tienes suerte,
cuando una tarde cualquiera,
la que quieras,
puedes ir y sentarte en las rocas,
dejando que las olas
laman tus pies desnudos,
mientras contemplas como el sol
se oculta en el horizonte.
No me digas que no tienes suerte,
cuando ya anochecido,
te levantas y vuelves a tu hogar,
quedando allí las rocas,
empleadas a tiempo completo,
desgastándose inútilmente,
pues nunca podrán zafarse de lo que son,
salir nadando
y perderse en un viaje inacabable.
Cuando día tras día,
al amanecer,
salen de casa,
cogen el autobús, el metro,
su coche, o van andando,
como ayer, como mañana,
como siempre,
dejándose lamer por la costumbre,
desgastándose,
soportando las tormentas,
siempre ahí.
No me digas que no tienes suerte,
no sabiendo a dónde vas
ni de dónde vienes.
¿Hay algo más esperanzador?

sábado, 28 de octubre de 2017

XCV

XCV

En estaciones


¿Y las estaciones de trenes?
Úteros de las ciudades,
que reciben
a los apresurados trenes
que después de descargar
sus millones de viajeros,
se desentienden de ellos,
dejándolos fructificar,
perderse por falta de oportunidad,
ser sacrificados,
mientras las estaciones los miran
sin poder hacer otra cosa,
que lamentarse, a veces,
o celebrar, que uno,
al llegar a su destino,
siembre la felicidad,
al menos de momento.
Se oye mucho
que las estaciones
están haciendo sus conquistas
pero hasta que los trenes
tengan otro lugar en el que descargar
o todos ya sean solo trenes de mercancías,
ellas,
van a tener que seguir
haciendo su papel,
si queremos,
seguir viajando.
Recibiendo trenes
a pesar del olor,
dolor, y del ruido,
huido.

Quizás alguno piense
en hombres y mujeres,
o los más básicos,
en vaginas y penes,
pero la realidad es
que escribo sobre
medios de comunicación.

sábado, 21 de octubre de 2017

XCIV





XCIV




Sangre que desata lazos de vida



A  Pepe
Un enorme ser humano
Fuimos amigos.
R.I.P.

Pedazo de cabrón,
te has tenido que morir
siendo buena persona.
¿No podías haber sido
un poco hijo puta unas semanas,
que yo al verte muerto
me alegrase?
Y no que me has dejado acongojado.
¡Cuántas tardes de pesca te arruiné!
¡Cuántas veces intentaste leer
los libros de los que te hablaba!
Pero no hubo manera
de hacer de mí un pescador,
ni de ti un lector.
A mí me mareaba
la amorosa cadencia del mar,
no digamos las tormentas.
A ti tanta letra
con la que no poder hacer
algo, no digamos
los cuentos míos que te endosaba.
Pero siempre nos unió
el amor a la vida.
Estoy seguro de que si
hubiésemos podido,
como el replicante de Blade Runner,
a Dios,
le hubiésemos dado pa’l pelo.
Enseñarnos la vida,
dotarnos para sentirla
tan intensamente,
y tan corta.
A ti ya se te ha acabado,
amigo.
A mí se me acabará.
Ojalá que la enfrente
con el valor y la sabiduría
que tú has mostrado
y que hasta el final
la homenajee, como tú,
guerrero rendido, pero no derrotado,
como se merece,
la vida,
 apurándola,
tan emocionante
y tan corta.
Adiós, amigo.
Ya vuelas
libre.
Un
honor.

miércoles, 18 de octubre de 2017

XCIII




XCIII




Un gesto de amor

Un gesto de amor
languidece
ante un bote de café instantáneo.
Uno siente
que faltan etiquetas
y más claridad en los ingredientes
de los amores que escogemos,
aunque a veces, las más, nos asaltan
desde los anaqueles de las sonrisas bellas,
las bocas mendicantes, o las manos suaves.
Colorantes y conservantes
se van añadiendo sin saberlo
a nuestros corazones,
cada vez más necesitados
de compuestos ajenos
para no pudrirse
al contacto con el aire,
ese aire limpio que ya no es nuestro medio.
Para nosotros ya no queda sitio
si no es el que hacemos con el machete,
romo y recto,
de las buenas costumbres
y ¡Ay! del sentido común.