domingo, 12 de agosto de 2018

CXV


CXV

Turquía*

A Henrik Nordbrandt,
contemplando China.


He pedido un café
que sé que no me va
a gustar,
por el calor.
En una cafetería
donde la gente
va a hacer otras cosas.
Bajo, al borde,
el toldo, del toldo.
Se pone a llover
y gotas van
acabando de llenar
mi taza.
Parecería que eso
arruinará completamente
mi café,
y puede que así sea,
pero no hago nada.
La taza ahora rebosa
y todos estaremos
 ahora de acuerdo,
en que el café
no me a gustar
pero no hago nada.
Nadie hace nada,
ni tan siquiera los que parece
que hacen algo.
Esa es la sabiduría
pero a nadie le importa.
Estamos aquí en la cafetería
 haciendo otras cosas. Y llueve.
Mirando hacia China.



*Si la actualidad supusiera para mí un asomo de esperanza, en este preciso momento este poemás se lo dedicaría a Donald Trump, pero como no, simplemente se lo tiro a la cabezota, como si fuese un “rolling stone”,  en nombre de todos los seres humanos que para él no cuentan, van al peso.

miércoles, 8 de agosto de 2018

CXIV


CXIV


Los prototipos

Era una mañana deliciosa.
Salí con mi hijo a pasear,
le estuve diciendo
que lo mejor es que las cosas costasen,
así luego el placer era mayor.
Le puse el ejemplo de los animales,
los irracionales, no nosotros.
No se andan con zarandajas,
todo les cuesta,
por eso cuando se lanzan,
lo hacen con fruición,
sobre lo que sea.
Viven, simplemente, hijo.
Aquel mismo día, de tarde,
por las teles
salió nuestro presidente,
negando ser un corrupto
y un mentiroso,
cuando todas las pruebas lo condenaban.
¿Con algo así cómo se puede luchar?

De mañana, recién levantados,
cuando la escarcha hace de papel
en los cristales,
mi hija dibuja mariposas que sólo yo veo.
Así que cuando damos un paseo,
le hablo de la necesidad de ser como se es,
de no hacer daño,
no al menos conscientemente,
no a menos que sea en defensa propia.
Le muestro las bellotas,
tan perfectas, en el suelo,
como una eyaculación,
y le digo
la encina hace el amor
con la Tierra
y deja caer gotas de bellota.
Por la noche en la televisión,
dan la noticia de que uno que es obispo
ha estado amargando
la vida para
siempre
de no sé cuántos
niños,
una animalada de número.
¿Con tipos así cómo se puede hacer algo?

He ido al vecino
con la intención de juntos
ver de convencer
a la comunidad
de no tirar papeles
en los lugares comunes,
no por nada,
porque es una marranada
y hay que dar ejemplo.
Pero no sé cómo
estamos hablando de un general
que tiene amantes, borracho
y que está dispuesto
a declarar la guerra.
¿A quién?
No se sabe.
Sólo declarar la guerra.
Se ve que es muy infeliz.
Total, que esta mañana,
al salir,
me he resbalado
al pisar un papel sucio de grasa
y el general no estaba.
¿Cómo ha llegado ahí ese tipo?

Lo que más temo,
es que a ellos, mis hijos,
mis vecinos, yo también,
nos vaya la vida
de esa manera que llamamos
“exitosa”
y consigamos ser unos
grandes tipos.

Así, de esa manera,
¿Cómo se puede hacer algo?

lunes, 23 de julio de 2018

CXII y CXIII


CXII


Personas fundamentales que nunca conocerás


Como David F. Wallace o Fernando Pessoa,
por ejemplo.
Un, dos, tres, responda otra vez.



En los momentos más
importantes de mi vida
ha sucedido que quien más cerca
estaba de mí
era un perfecto desconocido.
Cuando nací,
estaba mi madre,
mi padre no,
pero sí un médico,
ni idea de quién fue,
había sido y sería.
Cuando me pilló una moto,
que casi me mata,
al de la moto no tuve
ni tiempo de decirle hola.
Luego, en una fiesta,
un charlatán, que hablaba
y atraía mujeres en proporción,
se cansó
pero antes nos tomamos algo
y me presento a una de sus admiradoras.
Me casé con ella.
No lo volví a ver,
ni sé cómo se llamaba.
Una pena que perdiera su pista,
ahora no le iba a dejar hablar mucho.
Me casó un juez que veía por primera vez.
Podíamos haber cenado la noche antes,
al menos, quién sabe si con las copas…
Para mi divorcio me recomendaron un abogado,
hablé dos veces con él, para contratarle y para pagarle.
Me apreció que llorar en su hombro iba a ser un abuso.
Y así en cada caso.
Pero lo más preocupante
es que cuando me muera,
de ése que me va a preparar para el viaje eterno
no sé nada de nada.
Viviendo rodeado de tanta gente.


CXIII

 
Piedra y viento

Las piedras
absorben el calor
que el Sol les regala.
Después el viento,
díscolo y nada comprometido,
las vuelve frías.
El abrazo no es posible
y la piedra,
que no puede seguirlo,
llora.
Pues bien,
de todo esto,
los hombres decimos
que hay humedad.
Las mujeres callan.